Cómo los algoritmos nos robaron el Internet
De conversar con conocidos a ver lo que decide el algoritmo.
En 2008, Twitter en Perú era un barrio pequeño. Nos conocíamos por nombre y avatar. Seguir a alguien era casi un gesto de confianza, y leer el timeline era como entrar a un café donde todos charlaban en voz alta. El orden era cronológico. Si alguien decía algo a las 10 a. m., lo leías a las 10:05, sin que un algoritmo decidiera si valía la pena mostrarlo.
La ruptura llegó con las pestañas “Para ti” y su equivalente en otras redes. Sin previo aviso, dejé de ver lo que publicaban mis conocidos y empecé a recibir videos de desconocidos a miles de kilómetros. El criterio ya no era la cercanía o el interés previo, sino la probabilidad de que yo hiciera clic, reaccionara o me quedara mirando un segundo más.
El punto de quiebre lo marcó TikTok, que popularizó el feed infinito y luego fue copiado por todas las demás plataformas.
Ese cambio abrió la puerta a lo que algunos llaman la “mierdificación” del Internet: un ecosistema saturado de contenido rápido, pensado para captar atención y no para aportar valor. Donde antes encontrabas un blog personal con una reflexión única, ahora aparece un hilo viral que recicla datos de Wikipedia. La diversidad se diluye y las conversaciones se reducen a las mismas cinco tendencias que giran en bucle.
El efecto en nuestros hábitos fue inmediato. Pasamos de iniciar conversaciones a dejarnos arrastrar por un scroll infinito. Dejamos de elegir y empezamos a consumir lo que nos sirven. La atención se fragmenta, la comunidad se dispersa y el sentido de pertenencia se cambia por una conexión global que parece grande pero en la práctica es impersonal y repetitiva.
Muchos dicen que Twitter es tóxico. Y lo es… si lees la pestaña “Para ti”. En mi caso, solo reviso lo que publican las cuentas que sigo, y así Twitter sigue siendo excelente. Se parece mucho a la red que conocí en 2008: más conversación que ruido, más gente conocida que desconocida.
Y lo mismo me ocurre con las otras redes. Instagram, TikTok. Son redes totalmente diferentes cuando solo ves el contenido que tú elegiste seguir.
Recuperar control es posible. Volver a suscribirse a newsletters y RSS, curar listas privadas en redes, seguir blogs o canales específicos. No por nostalgia, sino para filtrar el ruido y reconectar con contenidos que tengan sentido para nosotros, no solo para el algoritmo.
Al final, pienso en aquel timeline pequeño de 2008, lleno de gente que reconocía. Hoy, me pregunto si realmente conozco a las cuentas que llenan mi feed… o si simplemente veo lo que el algoritmo decide mostrarme.

